¿Qué siente un hombre cuando lo ignoras?

Psicología
Thomas 7 min de lectura
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Hombre sentado solo en un sofá por la noche, con el móvil apagado en las manos y la mirada perdida

Resumen rápido

  • Que te ignoren duele en sentido literal: el cerebro procesa el rechazo social como dolor.
  • Casi siempre sigue el mismo orden: no se entera, se irrita, duda, te escribe y acaba desconectando.
  • El silencio funciona sobre todo con quien ya te quiere. En los demás no provoca absolutamente nada.
  • Ignorar a alguien para que vuelva te devuelve angustia, no amor.
  • Callarte para protegerte es una buena decisión. Callarte para conseguir algo no lo es.

Has dejado de contestar. Puede que después de una discusión, puede que porque él ya no hacía ningún esfuerzo, puede que porque alguien te dijo que era la mejor forma de que volviera. Y desde entonces te preguntas qué está pasando por su lado.

Esto es lo que siente un hombre cuando lo ignoras, en el orden en que ocurre, y en qué acaba todo al final.

Que te ignoren duele, y no solo en sentido figurado

Hay un experimento muy conocido en psicología, el Cyberball. Sientan a alguien delante de una pantalla, juega a pasarse la pelota con otros dos jugadores y, al cabo de un rato, los otros dos dejan de pasársela. Ya está. Los otros jugadores son programas, la persona suele saberlo, y el juego dura apenas unos minutos.

Aun así, basta para hundirle el ánimo, la autoestima y la sensación de existir para los demás. Kipling Williams, el investigador que hay detrás de estos trabajos, demostró que ser ignorado toca cuatro necesidades básicas: pertenecer a un grupo, sentirse valorado, conservar algo de control sobre lo que te pasa y contar para alguien. El silencio ataca las cuatro a la vez.

Otro estudio, publicado en Science en 2003 por Naomi Eisenberger y su equipo, metió a los participantes en un escáner durante ese mismo juego. Las zonas del cerebro que se activan cuando te dejan fuera son en parte las que procesan el dolor físico. Así que cuando un hombre dice que le "dolió" que dejaras de contestar, no es una forma de hablar.

Un último apunte antes de entrar en detalle, y cuenta para lo que viene. Estos efectos aparecen incluso cuando la persona ignorada sabe que es un juego, e incluso cuando le caen fatal quienes la ignoran. Dicho de otro modo, el dolor de ser ignorado no demuestra nada sobre los sentimientos. Que sufra tu silencio no significa que te quiera.

Lo que pasa por su cabeza, paso a paso

Los tiempos cambian de un hombre a otro, pero el orden se mueve poco. Así suele desarrollarse.

MomentoLo que pasa
Las primeras horasNo se entera de nada. Da por hecho que estás ocupada.
El primer díaLlega la duda, pero su ego se impone: espera a que escribas tú primero.
Dos o tres díasSe irrita, relee tus últimos mensajes, busca qué ha cambiado.
Una semanaTe escribe, casi siempre con torpeza. Un mensaje sin sentido, una story vista a propósito.
Más alláO insiste, o desconecta del todo. Rara vez algo intermedio.

La fase más interesante es la de la duda, porque es ahí donde se decide todo. Un hombre que no entiende por qué has dejado de contestarle se fabrica una explicación él solo, y rara vez elige la correcta. Piensa en otro hombre, en algo que dijo, en un desinterés general. Casi nunca en el motivo real, sobre todo si nunca se lo has dicho.

Y ahí es también donde el silencio se vuelve en tu contra. Tú esperas que lo entienda. Él se lo está inventando. No hay ninguna razón para que las dos versiones coincidan.

No todos los hombres reaccionan igual

Este es el punto que lo cambia todo. El mismo silencio, enviado a cuatro hombres distintos, da cuatro resultados que no tienen nada que ver entre sí.

El que tiene miedo al abandono: se rompe en unas horas. Escribe, llama, hasta se disculpa por cosas que no ha hecho. Tu silencio le hace un efecto enorme, pero lo que te vuelve es angustia, no amor. Esa reacción es típica de quienes viven cada ausencia como el principio de una ruptura.

El que se aleja cuando la cosa se calienta: hace justo lo contrario. Tu silencio le viene de maravilla, lo usa como permiso para desaparecer él también, y puedes esperar sentada. Es el perfil que siente alivio cuando baja la presión, y es el peor público posible para este método.

El que simplemente está bien consigo mismo: lo nota, hace una pregunta directa y, si sigues sin contestar, saca la conclusión evidente y pasa página. Sin drama, pero tampoco vuelve.

El que manipula: para él tu silencio es un pulso. No siente tu falta, siente una pérdida de control, y hará lo que haga falta para recuperarlo. Casi siempre castigándote con un silencio más largo que el tuyo.

Ya ves el problema. Con los dos primeros el silencio provoca una reacción, pero no la que buscas. Con los otros dos no provoca nada, o algo peor.

¿Ignorarlo hará que vuelva?

Respuesta honesta: a veces sí, y ese es justamente el problema.

El silencio hace volver a un hombre al que ya le importabas. No crea sentimientos donde no los había. Así que no puedes ganar nada que no tuvieras ya, y te arriesgas a perder lo que sí tenías: alguien que desconecta, o que vuelve por los motivos equivocados.

Una vuelta provocada por el pánico no se parece en nada a una vuelta elegida. Un hombre que vuelve porque se ha asustado vuelve en un estado incómodo, y esa incomodidad no dura. Dos semanas después, cuando todo se ha calmado, el motivo que lo hizo volver ha desaparecido. Acabas exactamente en el punto de partida, salvo que por el camino habéis aprendido a no hablaros.

Hay un caso en el que nada de esto se aplica: la ruptura. Después de una separación, dejar de dar señales no es una técnica, es la única forma de que las cosas se asienten por los dos lados. Si estás ahí, ten en cuenta que un hombre encaja una ruptura con varias semanas de retraso, y que su silencio de los primeros días no dice nada de lo que pensará dentro de un mes.

Cuándo callarse es la decisión correcta

Todo lo anterior habla del silencio usado como herramienta, para conseguir algo. Callarse para protegerse es otra cosa, y ahí suele ser lo mejor que puedes hacer.

Tienes todas las razones para dejar de contestar si te sientes menospreciada, si llevas meses siendo la única que hace un esfuerzo, si las conversaciones acaban siempre volviéndose en tu contra, o si necesitas calma para pensar sin que te convenzan de nada. En esos casos el silencio no es un mensaje en clave. Es un límite.

La diferencia está en algo muy simple: un límite se anuncia una vez, antes de empezar. Basta una frase. "Necesito unos días sin hablar, ya te escribo yo." Después de eso puedes no decir nada en una semana sin que sea un juego, porque el otro sabe a qué atenerse.

El silencio-técnica, en cambio, nunca se anuncia, precisamente porque necesita la inquietud para funcionar. Eso es lo que lo vuelve incómodo para todo el mundo, incluida quien lo usa.

Y si tu pregunta de verdad es qué siente él por ti, al margen de todo este asunto del silencio, hay algo más sencillo que esperar un mensaje: la forma en que se comporta cuando se supone que no estás mirando dice mucho más. Y si es tu ex quien te ronda la cabeza, hicimos un test para poner en claro lo que queda entre vosotros.

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Preguntas frecuentes

¿Cuánto tarda en reaccionar? Entre dos días y una semana en la mayoría de los casos, si es que va a reaccionar. Pasadas dos semanas sin la menor señal, ya no es cuestión de plazos.

¿Piensa en mí mientras tanto? Sí, pero no como te lo imaginas. Piensa a rachas, cuando algo se lo recuerda, no de forma continua como puedes estar haciéndolo tú.

Ha visto mi mensaje y no ha contestado, ¿qué significa? Casi siempre que no sabe qué responder y lo está aplazando. Un silencio después de leer rara vez es una decisión, es una duda que se instala.

¿Puedo dar marcha atrás? Sí, y se hace en una frase, sin justificaciones largas. "Necesitaba tomar distancia, estoy aquí si quieres que hablemos." Cuanto más corta la explicación, más fácil de recibir.

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