Un mazo que va de lo sugerente a lo muy directo
Un verdad o reto picante que arranca demasiado fuerte no funciona nunca. El primer reto incomoda, uno de los dos se cierra y la noche se acaba antes de empezar. Por eso este mazo sube poco a poco en lugar de golpear fuerte de entrada.
Las cartas más suaves se quedan en lo sugerente: preguntas que hacen sonrojar, retos que acercan, nada que obligue a exponerse. Las más directas ya no se andan con rodeos y dan por hecho que los dos sabéis adónde vais. El sorteo las mezcla, y el derecho a pasar es lo que os deja el control.
Empezad despacio, aunque creáis que podéis saltaros ese paso. Las risas de las primeras cartas hacen más por el resto de la noche que cualquier reto lanzado en frío…
Cómo se juega
Las mismas que en la versión clásica, más un punto extra que aquí cuenta mucho más.
Escribid vuestros dos nombres
El juego anuncia a quién le toca en cada carta, así nadie tiene que preguntarse quién juega.
Verdad o reto, lo elegís vosotros
El jugador señalado canta su lado y la carta sale al azar del mazo correspondiente. Nunca veis la siguiente.
Pasar está previsto por el juego
Rechazar una carta hace caer una prenda, y ya está. Es la regla más importante de esta versión: convierte el pasar en algo corriente en lugar de una confesión.
El límite lo ponéis vosotros, no el juego
Decidid antes de empezar qué queda fuera esta noche. Un juego no sustituye nunca un acuerdo entre vosotros dos, solo propone.
El consentimiento, dicho sin rodeos
Este juego propone, no impone nada. Cualquier carta se puede rechazar sin explicaciones, tantas veces como haga falta, y una prenda nunca es un castigo que haya que aguantar. Si a uno de los dos no le apetece, lo correcto es parar la partida. No negociar.
Las cartas están escritas para una pareja que juega junta, entre adultos que consienten. Dan por hecho que os conocéis y que los dos sabréis cuándo parar.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay con la versión clásica?
Las cartas, sencillamente. La versión clásica va para todas las parejas y se juega delante de quien sea. Esta tiene su propio mazo, bastante más directo, escrito para un momento en que estáis solos los dos.
¿Es muy explícito?
Va de lo sugerente a lo muy directo. Las más suaves piden un piropo o un beso, las más atrevidas dan por hecha una intimidad ya asentada. No hay nivel que elegir: el derecho a pasar es lo que marca el límite, carta a carta.
¿Cuántas cartas hay?
70 en total: 30 verdades, 24 retos y 16 prendas en un solo mazo. No vuelven a salir hasta que el mazo se agota, así que hay para una noche entera sin repetir.
¿Sirve para una pareja que acaba de conocerse?
¡El principio del mazo sí! Funciona de maravilla para tantear el terreno. Las cartas más directas dan por hecho que ya os conocéis bien: si cae una demasiado pronto, pasad, para eso está.
¿Hay que crear una cuenta?
No, y no se guarda nada. El juego funciona en vuestro navegador, las respuestas no salen nunca del dispositivo y no hay ningún historial de partidas.
Lo que un juego así puede hacer
No va a transformar vuestra vida íntima, y nadie debería pedírselo. Lo que sí hace bien es dar un marco a una conversación que muchas parejas no han tenido nunca del todo, la misma que el quiz picante aborda por las preguntas en lugar de los retos. Porque es la carta la que hace la pregunta en vuestro lugar.
El resto lo decidís vosotros. ¡Y así está muy bien!
